Mientras, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska –un vasco criado en el nacionalismo– al menos tiene la gallardía (alguien ha de hacerlo en este país de vez en cuando) de ver en la calle a Henri Parot, el francés que quiso dinamitar la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Hay más asuntos en España que deben ocupar nuestra atención. Y ni les cuento en Andalucía, donde el coro de palmeros de Chaves amortigua cualquier elemento que impida a los andaluces constatar que no vivimos en el mundo feliz de Zarrías, que el día que caiga va a estar más solo que la una, las dos y las tres. Todo acaba, pero como tarda, Dios.
9 feb 2006
El maquinista de la general
Mientras, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska –un vasco criado en el nacionalismo– al menos tiene la gallardía (alguien ha de hacerlo en este país de vez en cuando) de ver en la calle a Henri Parot, el francés que quiso dinamitar la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Hay más asuntos en España que deben ocupar nuestra atención. Y ni les cuento en Andalucía, donde el coro de palmeros de Chaves amortigua cualquier elemento que impida a los andaluces constatar que no vivimos en el mundo feliz de Zarrías, que el día que caiga va a estar más solo que la una, las dos y las tres. Todo acaba, pero como tarda, Dios.