13 may. 2008

I love New York, ahora comprendo...


Nueva York acaba de atraparme, esta megaubre (no es una errata) siempre lo hace si tu corazón no se cierra a nuevas sensaciones y porque, como Madrid no es una ciudad hostil, es babilónica y muy hispana (son incontables las sonrisas que despiertan en los turistas al comprobarlo), pero jurarías que a cada paso que das, emerge una imagen que ya tenías en tu mente, fruto de una ciudad convertida en gran plató de cine desde sus orígenes. La jornada ha sido intensa, más de lo que pensaba. Nasdaq, la bolsa de valores tecnológicos, en pleno Times Square, es lo que pensaba, pura tecnología y espectáculo. Mientras al otro lado de la ventana, dos policías conversan frente a un puesto de perritos calientes. Y, por un momento, les prometo que veo más gente nerviosa, corriendo sin explicación, en Madrid que en Nueva York. Hemos visitado la catedral de San Patricio. La tengo justo enfrente mia, mi hotel me ha proporcionado la mejor postal del viaje. Pero lo impresionante es comprobar como las tecnologías de la información han vuelto loca a esta ciudad, la gran manzana. Nasdaq es el templo, la selectiva bolsa de valores tecnológicos global, privatizada (va como la seda, no sé si será por eso) y entre las compañías solo una española, Telvent, la filial tecnológica del grupo Abengoa. Sus ejecutivos, norteamericanos, me cuentan mil y un detalles de como triunfar en los Estados Unidos. De Sevilla a Nueva York sin desengancharnos de nuestra Blackberry (nadie lo hace y la mensajería instantánea inalámbrica sirve a los neoyorkinos para no perder el hilo de la pasión diaria, su ciudad). Apple, primer paso de la mañana. No escucho el "give me two", pero ni falta que hace, todo es un dos por uno y hay referencias continuas al euro. Una moneda amiga. Steve Jobs. el gurú, opta por el minimalismo, su tienda a está a rebosar. Una gran cubo de cristal, la manzana metálica suspendida. Tanto que las colas para adquirir los Ipod (de los Iphone me olvido, estan agotados casi permanentemente...), clásicos y nanos me dejan tan rayado que no lo puedo remediar, pregunto a varios y todos son españoles, catalanes, vascos, andaluces (bastantes) y la mayoría de los dependientes hablan español. Jobs se ha vuelto loco con los gadgets para sus ingenios, y es contagioso hasta que ves los precios, pero el euro es fuerte. Varias tiendas de tecnología y joyería después toca reponer fuerzas, pero antes, es obligado subir al Empire State Building (su cervecería en la planta baja es recomendable). Suerte porque no hay un alma, el edificio está en reformas (para que todo sea una suerte de rascacielos temático) y en la planta 82 hace un viento del demonio, furioso...incluso hay zonas acotadas. Pero merece la pena, la bruma impide ver más allá de cinco kilómetros, pero la vieja gloria reina en Manhattan. Tengo que darme prisa, hay varias citas de negocios por la tarde y la cena, en un restaurante tí-pi-ca-mente neoyorkino. La tertulia es tan amena que optamos por prolongarla, pero no todos aguantan. ¿Diez de la noche? Hay dos opciones, Duffy presenta su disco en The Apollo Theater y Les Paul (justo, el mismo, el mítico guitarrista de 92 años y su trio) ofrecen un concierto en su local favorito, The Iridium Jazz Club. ¿Dudas? Ninguna, por mucho que la irlandesa de 23 años me fascine horrores. Gracias a Dios, porque lo que me llevo, con una Bud por delante, es el mejor concierto de mi vida. Músicos como Paul McCartney, Keith Richards, Tony Bennett, Paul Schaeffer, Steve Miller, Brian Setzer, Joe Beck, Al Dimeola, George Benson por citar algunos amigos, ha pasado por el local. Les Paul, sin pestañear, se sienta en una mesa y todos nos ponemos a la cola para que nos firme un disco. Y con todos conversa un ratito, me cuenta que ha tocado en Madrid y yo le confieso que me ha ofrecido el mejor recuerdo de la gran manzana. No quiero parece cursi, pero si pudiera cada lunes iría a verle tocar. Me habla de Madrid, le encanta el flamenco, y miro de reojo su Gibson Les Paul . La gloria viviente de la música popular norteamericana toca cada lunes en el club Iridium, hasta que el cuerpo aguante. Estrecho sus manos y llevo la mía al corazón. No he bebido más de la cuenta, pero mi alma está a rebosar. El se ríe, "pero ¿cómo se escribe Pepe? Se lo deletreo y me llevo dos firmas en vez de una...Paseo por Times Square, donde un motero, en una Harley Davidson, se hace una fotografía frente al Hard Rock...ya os contaré, pero será dentro de unas horas, cuando regrese a casa, me quedan más noticias, más recuerdos de Nueva York, ahora comprendo...