27 jul. 2015

Ligero de equipaje

Atardecer en Sanlúcar de Barrameda, desde los jardines del Palacio Ducal. Foto PC


No creo en los “días de…”, pero ayer fue el de los abuelos y me acordé, con inmenso cariño, de que hace ya muchos años que me falta mi abuelo Lucas, del que heredé mi primera moto, una Mobylette con transportín trasero. Siempre estuvo cerca de mí cuando lo necesitaba.

Mi abuelo era capataz de Renfe, sargento de la Cruz Roja, en cuyo cuartel se instaló una de las primeras televisiones de Jerez. Yo leía con voracidad la revista Ferrocarril y soñaba con viajar por todo el mundo. Aún me quedo extasiado, nada me perturba, cuando veo en el canal Viajar esos reportajes que haría sin pestañear a bordo de trenes llenos de gente nueva, viendo pasar el tiempo, la película del paisaje a toda velocidad.

Hay mucho por descubrir por lo que conviene tener siempre el pasaporte a mano, y al día. Un legionario español, a quien Pepe Ferrer y yo conocimos en nuestro viaje a Bosnia Herzegovina, me dijo que siempre has de llevar en tu mano izquierda una maleta en la que hayas sido capaz de meter tu ropa para una semana “o para toda la vida”.  ¿En la izquierda? le pregunté. Y me respondió con una semisonrisa: “Claro hombre, para defenderte, empuñar una pistola o arrear un buen mamporro en defensa de tu vida, para eso la necesitas”.

Nunca más aquella España
Logré viajar mucho aunque más en avión, gracias a un trabajo en Madrid, aunque también en el AVE y los larga distancia, y en coche, primero en un Volkswagen Polo, luego en un Jetta y mucho en mi viejo Honda Civic que aún seguirá circulando bajo otras manos por las carreteras de Cádiz. Los trenes me gustan, permiten pensar, detenerte a meditar sobre decisiones, caminos, sentimientos, ideas, aunque has de tener cuidado con las conversaciones porque nunca sabes quién va detrás o delante de ti. Da tiempo a mucho, incluso a escuchar música, la que te gusta, a expensas de consumir tu tarifa de datos conectado a Spotify.

Ahora mismo escucho Wild Horses, de The Rolling Stones, mis abuelos favoritos del rock. Gran canción, hermosa letra, tan real estos días para mí, y para tantos y tantas. Desprecio, con todas mis fuerzas, a quienes nos arrebatan la felicidad a golpe de decreto, a quienes desmontan lo que hemos conseguido a lo largo de tantos, años. Desprecio, con todo mi corazón, a quienes ignoran el dolor de los pobres, y tratan de tomarnos el pelo con estadísticas amplificadas por bien pagados terminales mediáticos. Se me nota, mucho, que ya no aguanto a los falsos, a los intolerantes. A quienes he apreciado y me han mentido como bellacos. Que les den.

Cuando me asaltan estos pensamientos recurro a Serrat, a ese imponente disco dedicado a la memoria de Antonio Machado que me revuelve el alma. No quiero dos Españas, quiero una diversa, federal, multicolor y multilingüe, tanto me da, llena de amor y fuerza. Y por supuesto que no deseo que nos ocurra como a Grecia, doblemente humillada por sus dirigentes y por la troika, los amos de los mercados. Y que la caja de las pensiones y la Seguridad Social siga sin ser tocada, que nadie haya usado su talonario para otros fines, porque los abuelos, sus hijos y sus nietos no dudaremos en derribar a quien sea usando todos los recursos a nuestro alcance.

Acabo de leer un excelente artículo publicado en El País, rubricado por José Andrés Torres Mora, diputado socialista por Málaga y Máximo R. Díaz-Cano, que es secretario general de Presidencia de la Junta de Andalucía. Afirman ambos que  “los socialistas estamos muy sorprendidos de que los dirigentes de Podemos hayan ‘descubierto’ lo importante que es el Estado del Bienestar. Casi no nos atrevemos a decirles que este Estado de bienestar es el mismo que ellos, y todos aquellos que pertenecen a su tradición política, siempre despreciaron como el plato de lentejas por el que los socialistas vendimos nuestro derecho al paraíso”. Tienen razón ambos, mucha. Pero todo este sistema ha de cambiar, rápido, y mucho.


Un azulejo que lo dice todo
No se puede despreciar el trabajo hecho, aunque algunos selectos hijos de p… se hayan aprovechado de las grietas del sistema, que no ha estado bien vigilado en defensa del interés general. Los poderes, la casta, los funcionarios, los que mandan, han estado torpes o quizás no han querido complicarse la vida, que es lo que deben hacer las personas de bien. O han sido cómplices. Comprendan que estas líneas son un desahogo, un grito en internet que espero sirva de algo, que sea escuchado y apreciado. Si no es así, tanto me da. “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, escribió Machado y cantó, sublime, Joan Manuel Serrat. Recuerden al poeta, amigos del nuevo tiempo político.