1 ago. 2015

La mentira de Jerez

Uno de los locales del centro comercial Los Cisnes. Foto PC

La gigantesca mentira que vivimos en Jerez tiene que acabar. Esta ciudad no tiene hoja de ruta, ni plan estratégico ni nada que se le parezca, hace tanto que no innovamos, que no experimentamos el placer de la ilusión que nos hemos vuelto tristes, la derrota acaba por hundirnos y dejarnos en ruinas, como las que existen en el casco histórico que, cuando paseo, me ponen histérico. Hablar con la clase política local sobre estas cosas es como gritar en el desierto, salvo honrosas excepciones que no citaré hasta que no haya más remedio, no vaya a ser que los jodan por pensar y proponer. La palabra, la clave, lo vengo diciendo, se llama “reindustrialización”.  Y para eso hay que tener los objetivos muy claros. No perdamos tiempo.

La calle Larga tiene un ejemplo esa decadencia, del desastre económico que se vive en Jerez: el centro comercial Los Cisnes, con buena parte de sus locales vacios, sin actividad, pese a ser un lugar diseñado para el ocio y el comercio. De pena. Pero la realidad es la que es. Me duele mi ciudad, mi pueblo, mi gente. Yo no presumo de jerezanismo pero soy de Jerez y no tengo bigote señorial ni exhibo mi fe como argumento para alcanzar notoriedad social, ni falta que me hace. Y, en serio, me importa un mojón (¿les suena bien?) la polémica de Pemán. Pero no que el bando ganador de nuestra cruel guerra civil y sus bastardos intenten sepultar la memoria, interpretarla, que olvidemos porque a ellos les interesa. Eso es otra cosa distinta.