19 sept. 2010

Antonio & Pilar, Fernández & Sánchez


Pensaba escribir unas líneas sobre los acontecimientos vividos esta misma semana en torno al Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Jerez y el PSOE de mi ciudad. Lo haré finalmente. Se lo debo a buenos amigos, algo preocupados por mi silencio. Veréis, el fin de semana es para las almas, la mía y la de aquellos y aquellas de los me preocupo, quizás no con la misma intensidad que ellos hacia mí. Es sagrado. Pero soy un desastre, qué le vamos a hacer. He vuelto algo 'tocadillo' del concierto, del viaje de Granada. Hay un cambio, lo noto. Lo admito. Y es a mejor, estoy seguro. Y si no lo es lo sabré en breve.

Si se fijan y leen con detalle (hoy no tengo ganas de ponerles hipervínculos a algunos medios, así que busquen ustedes mismos la información en la red, porfa), ni para Antonio Fernández García y menos aún para Pilar Sánchez Muñoz ha sido un camino de rosas cumplir sus anhelos. Antonio & Pilar se llevan como el perro y el gato, pero Fernández & Sánchez, en el futuro, si cuajan sus respectivas faenas para consolidar sus apoyos (es lo deseable por el bien de Jerez y su Marco), necesitan llevarse bien, muy bien.

La primera razón es que, como diría Miguel Ríos, "corren tiempos perros" y es necesario aunar esfuerzos para sacar a Jerez de la situación que atraviesa -que merecería toda una suerte de análisis sesudo que ahora, creánme, soy incapaz de hacer). El señor Fernández y la señora Sánchez se necesitan más entre ellos de lo que suponen. Y todos nosotros necesitamos que los dos se lleven bien, sin putadas bajo cuerda o en superficie. Yo, al menos, las pienso denunciar activamente. Menuda tarea tienen entre manos, muy bella por cierto: si brillan en sus respectivas responsabilidades irá en beneficio de la ciudadanía (ése término tan manoseado).

Me importan los hechos, más allá de las extrañas, cambiantes e interesadas lealtades hacia uno y otra. Cesen las hostilidades, por favor, y vayan directamente al grano. El cambio que se está produciendo en Andalucía es tan duro, tan evidente, está la gente tan hasta los huevos y los ovarios (tranqui Bibi, me sé la lección) que nadie está ya por soportar ombliguismo a cargo de nuestras carteras.

Hoy he pasado por Antequera y se oía bramar al respetable el coso de la ciudad, aclamando a Mariano Rajoy y Javier Arenas. Otra cosa es ganar las elecciones, queda mucho tiempo y puede pasar de todo, a un lado y otro de la línea roja. Por cierto, me he parado en una venta de carretera (con los baños limpios para defecar sin riesgos), que se llama "Cuatro mojones". He sonreído. Se come bien ella. No sean malpensados. En la puerta cuatro autobuses que venían de allí, sacos con bocatas, neveras con resfrescos, al sol andaluz, cerca de un cruce de carreteras.

Verán ustedes (me pongo serio), de pronto, al verme en el foso del concierto de Miguel, he dado un profundo repaso a mi vida y estoy muy orgulloso de la mayoría de las decisiones que, por voluntad propia o forzado por los acontecimientos, he tenido que adoptar. Lo siento por los mediocres, los falsos con poder, los que pisan fuerte el corcho en el agua (vano intento de hundirlo) y quienes han pensado que la vida es eterna (me gusta el cariño hacia el testarudo Labordeta). No lo es. Así que no dejen de decir la verdad, o lo que creen que es.

Decía Fray Leopoldo que lo que menos le gustaba en el mundo era pedir. Y se pasó pidiendo toda la vida. No soy un santo ni un diablo, me paso la vida entre Dios y el Diablo. Como la mayoría del personal sufridor. Y juraría que ellos se llevan muchísimo mejor que la pareja motivo de este comentario (absténgase de adjudicarles un papel en ese reparto). Haya paz, un alto el fuego en beneficio de todos los que observamos, padecemos, y sobre todo pagamos sus nóminas. Buenas noches y buena suerte. En serio. Me gusta el sabor de la noche, lleno de matices, como los vinos con solera. Los que hacemos todo a pulmón os saludamos. Y deseamos lo mejor.


Bye, bye Ríos, adiós Miguel

Miguel Ríos, en el segundo concierto de su gira, en Granada. Foto: José Contreras (estuve allí)

El moderno pabellón de deportes -muy bien sonorizado- de Granada acogió ayer el segundo de los conciertos de la ¿última? gira de Miguel Ríos. El cantante granadino puso a prueba, peligrosamente, el estado físico de sus más que veteranos fans -entre los que me cuento (hoy me duele todo, he dicho todo) que le aplaudieron (aplaudimos) a rabiar hasta que, con sus amigos tras el escenario, Mike entonó el Himno de la Alegría y el pabellón casi se viene abajo. Leer el resto de esta entrada »