3 ago. 2013

Querido presidente Rajoy



Creo que ya sabe que España no va nada bien. Pero no sé si se da cuenta de que de la preocupación políticamente correcta muchos pasamos ya a otros estados de ánimo ¿qué hacemos con los bancos y las cajas si el grifo del crédito sigue cerrado y le niegan la confianza a los ciudadanos que siempre fueron buenos clientes? Malditos bastardos, buena película sin duda. Va a pasar algo, más pronto que tarde, la chispa adecuada para que perdamos el miedo y llegue la primavera, aunque estemos en verano. Creo que es consciente de ello. Piense.
Le tenemos de vacaciones en el Palacio de las Marismillas, en Doñana. Ha entrado usted por Huelva y no por Sanlúcar. Y nada de periodistas, no como Felipe, Aznar y Zapatero, que daban mucho juego. Por el bien de todos deseo fervientemente que reflexione y piense en que esto no va bien, nada bien, que hay un ambiente peligroso y más aún si la libertad de movimientos, de información, está en entredicho.
El PSOE ha comparado a Rajoy con Nixon, elevando el tiro. Se me ocurren, en el resbaladizo terreno de las comparaciones, algunas más que no gustarían a un lado ni a otro. A mí me importa, querido presidente, el día a día, la economía real, el cambio de modelo y la pérdida de conquistas sociales ganadas a pulso, y de felicidad, porque, señor Rajoy, no somos felices ante el espectáculo. No. Y duele mucho, en el alma, en el corazón y en el bosillo.
Ignoro si sus asesores leen este blog. Da igual. Le dedico una canción, Stairway to heaven, orquestada versión de un clásico de Led Zeppelin. Saludos desde el infierno de la España real. Si no le gusta la orquesta, le dejo el enlace de la original, en directo.

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