28 ene. 2014

Aviso directo a navegantes


Nunca hago advertencias, nunca intento ajustar las cuentas a nadie, y menos aún me dejo llevar por el resentimiento porque eso solo trae penas y enfermedades letales, pero advierto -en toda regla y a todos los efectos- que no permitiré que nadie, sea quien sea, limite mi libertad o perjudique a mis seres queridos o a mí mismo por razones espúreas.
Es un aviso directo a navegantes porque la paciencia llega al límite. Este es un país libre, donde quienes ejercen la autoridad -la que sea- lo hacen delegados por el pueblo, que es quien quita o pone, por las buenas, por las urnas o por las malas, llegado el caso. Y nadie, repito, nadie, tiene derecho a ejercer ese poder de forma arbitraria, usarlo para sus fines. Con las cosas de comer no se juega...

Defiendo las causas nobles, la libertad de todos a expresarse y hacerlo sin miedos ni ataduras, creo en la buena gente y a ella me debo. A esos mansos todo el amor y esfuerzo en el ejercicio de mi profesión. Siempre. Y en esa batalla no estoy solo, gracias a Dios, en quien creo.
Somos muchos periodistas, más afectados o igual que otros colectivos por la crisis. Y hay razones para la esperanza y el orgullo, la dignidad de este bello oficio de contar buenas historias. Y las hay de todos los colores. Conviene no olvidarlo nunca.

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