14 jul. 2015

In memoriam



Mis padres, al fondo el Seat 1500, alargado, con el que trabajó con orgullo.

Me he buscado a Jackson Browne (Spotify, Radio Live Recordings 2.015) para escribir este comentario. Yo no sé ustedes pero ¿se han fijado en la habilidad que tienen los partidos de izquierda (nuevos o viejunos, me da igual) para darse por saco mientras se mantiene o sube el PP en las encuestas. Puede que Pablo Iglesias tenga razón en muchos de sus planteamientos pero las candidaturas de unidad popular funcionan, lo hemos visto en las pasadas elecciones municipales. ¿Por qué no iban a funcionar en las elecciones generales? Y veo legítimo que quiera hacer valer su, ahora, potente marca –Podemos- para batirle el cobre al PP y a Rajoy, cuyo cambio de piel y rostros llega un poco tarde y ha sido motivo de alborozo en las redes.
Y me gusta, con algunos chispazos, la forma en la que está encarando su campaña Pedro Sánchez, pese a todos los obstáculos que ha ido encontrando en su camino. Ahora, nítidamente, tiene el apoyo de uno de los principales valores de la política en España: Susana Díaz. Cuando Pepe Griñán decidió que ella era la persona no se equivocó, en modo alguno. Digan lo que digan. No lo tendrá fácil, pero Díaz no tiene mochila, y su pulso es firme. No comparto lo que dice Juan Marín, líder andaluz de Ciudadanos, eso de que ellos han acabado con el “régimen” en Andalucía. Más bien está colaborando y siendo la una de las justificaciones de Susana Díaz del desmontaje de un sistema de gobierno caduco y peligroso.
Queda mucho por hacer y, lo confieso, percibo en el ambiente el cambio real, el que imponemos nosotros, la gente, con nuestros puntos de vista, con nuestro compromiso con aquellos que son la parte más débil del engranaje. Me toca las narices que alguien se haya apropiado de nuestra bandera históricamente, incluso la constitucional (hasta que Pedro Sánchez tuvo los reaños de situarla detrás suya en un acto público), pero más aún que se esté desmontando una sociedad, debilitando a una España en beneficio de la otra, con un descaro tal que pone los vellos de punta. Esa bandera de lucha es la mía, no tengo otra.
Me duele en el alma un sistema que machaca siempre a quien tiene menos. Envalentonado ahora por la vergonzosa marcha atrás de un líder en Grecia que, de pronto, ha descubierto que los reyes magos son, en realidad, la troika, el club Bildeberg, el FMI y la madre del cordero. Y que firma compromisos muy superiores a los de antes de su referéndum. Es la actualidad diaria que vemos y soportamos en las cadenas generalistas.
Hoy quiero tener un especial recuerdo sobre mi padre. El otro día, en el centro comercial Merca 80, de Jerez, en un bar donde hay buen queso y ambiente de amigos, de barrio, se me acercó un señor con gran respeto, Joaquín Pérez. El tenía la licencia 59 en su taxi, y mi padre la 23. Así se ganaba la vida, llevando y trayendo gente de un lado a otro de Jerez, después de haber sido jefe de máquinas del Cortijo de las Quinientas, conductor ejemplar de La Valenciana y un padre al que añoro no saben cuánto en estos momentos.
Joaquín me habló de mi padre con gran cariño y admiración, me recordó esos valores que siempre trato de defender. Mi padre solo tuvo una bandera: su familia, su hogar. Y nunca hizo daño a nadie, todo lo contrario de lo que le pasó a él en más de una ocasión. En estos días de cambio suelo pensar mucho en lo que me habría dicho en más de un momento delicado, en tenerlo a mi lado. Me parezco mucho a él, salvo en algo, en mi firme propósito de dar cumplida respuesta a cualquiera que agreda lo que más quiero en mi vida: mi familia y algunos amigos y amigas. 
En la foto que ilustra este comentario aparecen mi padre y mi madre. ¿Saben una cosa? Nunca lo he dicho, pero el lado más reaccionario y elitista de Jerez nunca toleró que el hijo de un taxista honrado y trabajador pudiera ser asesor de dos ministros y una alcaldesa (en cuyos trabajos aprendí tanto de todo). Les jode, sobre todo a un tipo siniestro, viejuno, que yo no sea de su casta. Y más aún que mantenga posiciones de combate dialéctico, moral, profesional y político. Buscando la verdad siempre, duela a quien duela. 
He pensado mucho en escribir este comentario, porque sé que hay gente mala en esa casta fascista, muy concreta. Siento hoy en mí unas ganas de luchar inmensas por cambiar España, mi Andalucía, Jerez, con los valores de mi padre y todo lo que aprendí en más de una trinchera. Gracias padre, un abrazo porque tú si estarás en el Cielo. Nosotros seguimos peleando por ti en este infierno.

(*Dedicado a mi Carmen, a Maruja, Javi e Isabel)

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